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| Ley de medios, lo que se juega |
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| Por Javier Hermo | |
Lo que se juega con esta Ley es mucho más que la batalla con Clarín o con los medios por la coyuntura política o por el apoyo a este gobierno.
Se trata de una deuda de esta democracia recuperada en el ’83, que no ha sido capaz de encontrar un ordenamiento para un tema que hasta ha cambiado tecnológicamente tanto que ya no podemos llamar más como lo hace el infame decreto de la dictadura sobre “radiodifusión”. Los parches sobre ese mamarracho, debidos sobre todo al democrático Carlos I de Anillaco, sólo empeoraron las condiciones para favorecer la concentración y el monopolio, permitiendo primero la entrada al negocio de las editoriales de diarios y revistas (Clarín en el 13 y Atlántida en el 11, en los lejanos ’90), luego hasta la de la estigmatizadas y recontraprohibidas compañías de teléfonos (¿alguien no sabe que Telefé es de Telefónica?), para terminar con la admisión de la fusión de Cablevisión y Multicanal, o sea más concentración para el Grupo Clarín que en el entretiempo había conseguido TyC y el monopolio del negocio multimillonario de la transmisión del fútbol. Recordemos que estas tres últimas cosas no sucedieron bajo el reinado riojano, sino en esta década. Y recordémoslo para comprender la necesidad de debatir profundamente sobre el significado de la democracia en el siglo XXI y la necesidad imperiosa de asegurar el libre acceso en igualdad de oportunidades a la difusión de ideas y pensamientos a través de los múltiples medios de comunicación hoy existentes. Porque no es un problema de discusión de poder en términos clásicos de suma cero: gana el Gobierno o ganan los medios. Se trata de una concepción de la democracia que no debería variar si los monopolios de la comunicación fueran “amigos” del Gobierno y lo trataran bien y ayudaran a consolidar su legitimidad. Es decir, lo que se pone en juego es el carácter PÚBLICO y, por lo tanto, COMÚN, perteneciente a tod@s del derecho inalienable a la expresión. Porque además, como demostró hace ya muchos años un hoy bastante olvidado militante y teórico italiano, un auténtico cuadro integral como Antonio Gramsci, la batalla por construir los sentidos comunes que afianzan la hegemonía de las clases dominantes o construyen la contrahegemonía de los oprimidos y subalternos, hoy no se pueden librar sin garantizar el libre acceso, un sistema nacional de medios públicos que sea democrático e independiente (no del Estado ni de los intereses populares, pero sí de los gobiernos de turno y sus intereses electorales menores), sin medios en manos de la sociedad civil de verdad (sindicatos, cooperativas, asociaciones civiles, sociedades de fomento, etc.) y con posibilidades de elección reales. Y esto implica no sólo derecho a la expresión, sino tarifas razonables y bajas de los servicios porque haya posibilidad de ofertar paquetes combinados en libre competencia de acceso a TV, telefonía, internet y servicios agregados variados. Pero no a uno sólo de los jugadores, sino a todos y con el Estado como regulador y garantía de una regulación a favor de los intereses y los bolsillos populares. En resumen, esta no es una batalla entre los que apoyamos e integramos este Gobierno Nacional y Popular y la “contra” o los “gorilas” o los “medios” o como nos guste decirles. Hay que discutir con tod@s los sectores políticos y sociales, con las personas de carne y hueso para que se entienda esta discusión. Y hay que insistir en esto para que tampoco haya lugar para que negociaciones menores y coyunturales eviten esta discusión y la posterguen nuevamente. Nada conviene más a los monopolios y al sostenimiento del statu quo que convencer a todos de que esta es una discusión entre el gobierno y los opositores que temen el control de los medios por parte del gobierno. No hay que caer en esa trampa. Expliquemos que todos los partidos e ideologías políticas tendrán que tener espacio para exponer y debatir sus ideas, aún los de la derecha. Pero serán eso, una expresión relativa y no “la verdad objetiva” machacada hasta el cansancio. Busquemos generar el debate y las contradicciones a partir del acierto de haber acordado la transmisión gratuita del fútbol, pero generando estos debates que son los que hacen falta para provocar discusión POLÍTICA. Javier Pablo HERMO |
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